son sólo altamente eficientes, sino también más fáciles y rápidas de regular y con ello más capaces de compensar las cargas fluctuantes. Las centrales eléctricas de carbón y nucleares presentan unos costes de combustión y operación más bajos, pero unos costes de inversión comparativamente
mayores, por lo que deben funcionar ininterrumpidamente como “carga base” para poder recuperar sus inversiones. Las centrales eléctricas de gas tienen menos costes de inversión y son rentables incluso a bajo rendimiento, lo que
las hace más adecuadas para equilibrar las variaciones en el suministro de fuentes de energía renovable.
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